De la célula a la hamburguesa

De la célula a la hamburguesa

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El consumidor está ya preparado para la carne cultivada según un estudio de Mosa Meat y la Universidad de Maastricht. En este estudio se concluía que si la gente era informada adecuadamente escogería la carne cultivada y algunos estarían dispuestos a pagar cerca de un cuarenta por ciento más que por la carne convencional.

Mosa Meat tiene como objetivo la comercialización de carne cultivada, también conocida como carne limpia, y trás conseguir reducir el coste de producción en estos últimos años se prevé que coloque sus primeros productos en el mercado en los próximos 3-4 años. Para entender este tipo de carne se puede decir que es similar a la carne de ganado a excepción de que sus células crecen fuera del cuerpo del animal. Para producirla se toman células del músculo del animal, denominadas miosatélites, que como células madre tienen la capacidad de crear nuevo tejido muscular cuando el músculo está lesionado. Aprovechando esta propiedad se puede llegar a cultivar la carne. Las células se colocan en un medio con nutrientes y condiciones de crecimiento naturales, lo cual les permite proliferar tal y como lo harían en el animal, y así hasta obtener billones de células. Para que las células se diferencien en células musculares se las deja de alimentar con factores de crecimiento y se diferenciarán por sí mismas. Las células musculares se fusionan naturalmente para formar “miotubos” (una fibra muscular primitiva que no tiene más de 0.3 mm de largo). Los miotubos se colocan en un gel que contiene 99% de agua, lo que ayuda a las células a formar la forma de las fibras musculares. La tendencia innata de las células musculares a contraerse hace que comienzan a engordar, convirtiéndose en una pequeña hebra de tejido muscular. A partir de una muestra de una vaca, es posible producir 800 millones de hebras de tejido muscular (suficiente para producir 80,000 cuartos de libra). Cuando todos estos hilos se superponen se obtiene carne. Esta carne puede procesarse utilizando tecnología alimentaria estándar, como por ejemplo, pasándola por una picadora de carne para hacer carne picada. Este proceso no implica una modificación genética pues no es necesaria. Las células están comportándose como lo harían formando parte del animal.

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La tendencia global de Futurismo se consolida y nos resulta más fácil integrar la alta tecnología en los diferentes ámbitos de nuestra vida. Si bien es cierto que con la alimentación existe cierto prejuicio con la tecnología, es gracias a ella por lo que existe seguridad alimentaria, se optimizan las materias primas o se mejora el sabor. Las ventajas de las nuevas opciones de producción de alimentos con tecnología intensiva se reconocen y se aceptan cada vez con más naturalidad, de ahí que ya estemos preparados para recibir en unos años la carne cultivada. No sólo porque tecnológicamente sea posible, sino porque social y culturalmente ha llegado el momento.


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